19.4.17

Soy un ser evanescente: la hija del aire, enamorada del viento


De todos modos, yo no existo. 
Soy un ser evanescente: 
la hija del aire, enamorada del viento. 






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Texto: Diarios, 2 de enero de 1961 (Lumen, 2013).
Imagen: "Meshes of the afternoon" (1943), Maya Deren.

25.3.17

Cristina Piña sobre Alejandra Pizarnik



¿En qué contexto poético produce su obra Alejandra Pizarnik?

Cristina Piña: Durante los años cincuenta, está asociada a la revista principal de la vanguardia: Poesía Buenos Aires dirigida por el poeta Raúl Gustavo Aguirre, uno de los mayores promotores de la neo-vanguardia en la Argentina -la vanguardia histórica entró en los años 20 con Borges y el grupo Florida- y donde se hizo amiga de Elizabeth Azcona Cranwell, Rodolfo Alonso, Rubén Vela y varios otros autores de esta línea, a quienes se unió el gran Edgard Bayley. También publicó en Poesía = Poesía de Roberto Juárroz.Y se puso en contacto con el grupo surrealista a través de Olga Orozco y Juan Jacobo Bajarlía, quienes la llevaron a lo de Oliverio Girondo y Norah Lange, donde también conoció a Molina.

Cuando se fue a París sus contactos fueron con Julio Cortázar, Aurora Bernardez, Octavio Paz, Miguel Ocampo y Elvira Orphée, Ítalo Calvino y su mujer, Chichita Singer Calvino y el gran post-surrealista André Pieyre de Mandiargues.

Por fin, al vover, en plena década del 60, con su fuerte -pero no única- línea de poesía comprometida y politizada, siguió fiel a su estética con bases surrealistas pero con cambios fundamentales respecto de dicha línea, en tanto era una obsesiva de la corrección.


¿En qué sentido puede hablarse de una "radical desconfianza respecto del lenguaje" en su escritura?

Cristina Piña: La hay, por cierto, pero conjuntamente con una confianza absoluta en que -dentro de la línea de los surrealistas y sobre todo de los poetas malditos- lo único que puede salvarnos de la banalidad de la realidad es la poesía. De ahí afirmaciones en su poesía como: "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo..."

Pero a esa certeza y confianza ontológica en el lenguaje, se va sumando una radical desconfianza que alcanza su punto extremo en un famoso poema publicado en La Gaceta de Tucumán y luego póstumamente en Textos de Sombra y últimos poemas (1982) "En esta noche, en este mundo" donde dice algo para mí decisivo: 

No, las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia

¿si digo agua, beberé?
¿si digo pan, comeré?

Tras esto, y para quien le confirió al lenguaje la categoría de su "patria" y a la poesía un valor ontologizador y trascendente, no cabe sino la muerte.



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Imagen y texto: sitio del MALBA, Buenos Aires.

14.2.17

Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte


Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. 





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Texto: fragmento del poema "Extracción de la piedra de locura" del poemario homónimo.
Imagen: "On giving life" (1975), artista Ana Mendieta, tomada de la página ArtlSlant.

23.1.17

Cada generación encuentra a una Alejandra Pizarnik distinta



  • Postdata Editores publica Nueva correspondencia, compilación epistolar ampliada de la escritora
  • Incluye misivas con 40 personajes, entre ellos Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar y Silvina Ocampo, así como imágenes de los textos originales
  • Como poeta maldito entregó todo a su escritura, afirma en entrevista Cristina Piña, autora de la selección junto con Ivonne Bordelois


Alejandra Pizarnik tenía letra de nena. Con esa letra escribía sus cartas o en máquinas de escribir con letras redondas o una a la que llamaba su Rolls Royce, cuyas letras eran cursivas. Y adornaba su correspondencia con dibujitos y recortes. Entre los destinatarios de su correspondencia están Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Manuel Mujica Láinez y Silvina Ocampo, cuatro apenas de un universo de 40 personajes con los que mantuvo ese intercambio epistolar que ahora se encuentra en el libro Nueva correspondencia Pizarnik.

El volumen es una compilación realizada por las poetas e investigadoras Ivonne Bordelois y Cristina Piña, publicado en México por Postdata Editores. Además de la transcripción de las cartas se incluyen imágenes de algunas de los textos originales.

“Por primera vez lo podemos mostrar así, es la parte gráfica, porque hay que ver las cartitas de Alejandra que tenía letra de nena, y ponía cositas así, como los dibujitos. La letra de nena, es como una nenita. Es letra de nena, para un ser atravesado y dividido por una falla interior que la hace profundamente infeliz.

Te encuentras con estas cartitas deliciosas, y uno cree que siempre estaba centrada en ella, pero hay que ver en estas cartas cómo se fijaba en los otros, cómo era cariñosa, cómo se movía para mover su poesía; no era el poeta maldito tirado, al contrario: escribía cartas, conectaba, dice Piña, quien tiene cuatro libros dedicados a la obra de Pizarnik, entre ellos Alejandra Pizarnik: una biografía.

El de Nueva correspondencia Pizarnik fue un trabajo de detectives que complementa la primera edición realizada hace varios años por Bordelois, quien fue amiga de Alejandra, y cuyas cartas también fueron incluidas en esta edición. Explica Cristina que dar vida a este título fue buscar las cartas, hasta llegar a 40 destinatarios, incluidas algunas que envió a su familia.

En el libro anterior Correspondencia Pizarnik, compilado por Bordelois y publicado en 1998, fueron 23 destinatarios.

Están también las cartas a la escritora Silvina Ocampo, de quien Alejandra estaba enamorada, y pide, reclama, todo. La que estaba enamorada era ella, pero también surgen las relaciones con hombres, porque Alejandra no era lesbiana, era totalmente bisexual; eso ya lo dije en la biografía.

Faltan, entre algunas otras, las cartas a Octavio Paz, a quien ella consideraba su maestro. Se conocieron en París, y Paz le escribió el prólogo para su poemario Árbol de Diana. No se incluyeron, porque para publicarlas se necesita autorización de la herencia de Paz.

Nueva correspondencia Pizarnik habla de un género ya perdido, el epistolar. “Es algo que me desespera. Si en Alejandra se llega a esta maravilla pienso en relación con mi propia historia. Yo tengo cartas de Manuel Mujica Láinez, de un montón de escritores, de Victorio Ocampo, etcétera, y nunca más. Si yo tengo que mandar un comentario a alguien que me pregunta qué me pareció el libro, le escribo un mail. Las cartas se perdieron como género”.

A pesar de que la vida de Alejandra Pizarnik fue muy breve (se suicidó a los 36 años) su obra da a los investigadores numerosas vetas, tanto así que ahora que se conoce 500 veces más de lo que se sabía hace algunos años de esta poeta. Cristina Piña prepara otros estudios respecto de Pizarnik, entre ellos una nueva biografía.

Labor inagotable

“Cada generación descubre a una Alejandra diferente; sí cuando ella murió era poeta, cuatro gatos de sus amigos sabían que escribía prosa, había publicado un librito chiquitito, La condesa sangrienta, era una poeta. Cuando llega la generación del 80, aparecen las prosas de ella. Y luego los diarios, ahora las cartas. No se acaba con ella. Hay un verso que me gusta de Fernando Pessoa, que dice: ‘Soy una antología’, pero Alejandra es una antología de voces, entonces te imaginarás. Siempre digo ‘no estoy loca trabajando su obra’ desde el 76 hasta el día de hoy, lo que pasa es que no se acaba.”

Alejandra, añade Piña “nos enseña varias cosas: si algo la distingue de los surrealistas es la obsesión por la perfección de las palabras. Hay una cosa de trabajo formal en Alejandra que es una lección para cualquiera que agarre la pluma hoy día: debe haber sido una de los poetas más obsesivos con la corrección.

“Es la última de los poetas malditos. Nos enseña que hay un punto en que nuestra subjetividad está formada de lenguaje, y cuando uno va más allá de todo eso, que fue lo que Alejandra hizo, porque como los poetas malditos entregó todo a la poesía. Uno que es escritor sabe qué es la entrega total, y es la maravilla, pero hay un punto en el que hay que cuidarse muy bien, porque si no uno se pasa del otro lado.

Además nos enseña que ser escritor no es eso que es ser ahora: una figurita que circula por todos lados, que la tratan como si fuera un actor o actriz de cine, sino que es la seriedad de estar trabajando, reflexionando, luchando a veces. Hay que tener muchas ayudas y mucho equilibrio para no irse para otro lado pero también para no ser una figurita de la prensa, que circula y gana millones, pero escribe como la mona.

–Hablamos de una mujer que se transforma, que es diferente para cada generación. ¿En qué la transformó a usted?

–Me transformó en varios sentidos. Cuando comencé a leerla, Alejandra sería 13 años mayor que yo. No la quise conocer cuando era adolescente, porque le tenía tal admiración, era una cosa que era impresionante: para mí siempre fue alguien admirable. De pronto, cuando escribí la biografía, me dijo una chica muy lúcida: ‘Vos pasás de la alumna admirada al de la mamá’. Cuando escribí la biografía me empezó a dar una tristeza, una pena y un cariño. Cuando terminé la biografía lloré. Lloré como una loca y lloré y lloré.

Pero en lo personal me transformó en algo mucho más importante: si yo soy poeta es por Pizarnik, fundamentalmente; sabes que los escritores somos las lecturas que tenemos, a mí la que me empujó a la literatura fue Pizarnik. También me la tuve que sacar de encima para encontrar mi propia voz. A Pizarnik no se le puede seguir o imitar. Hay que encontrar la propia voz, pero si soy poeta es por ella.



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Texto e imagen: por Ericka Montaño Garfias para el periódico La Jornada, domingo 26 de octubre de 2014, p. 2

4.1.17

...mi amor por los espejos



He tenido muchos amores -dije- 
pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.





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Texto: "Un sueño donde el silencio es de oro" (Poesía completa, Lumen).
Imagen: Maya Deren, tomada de la página Butaca Ancha.

5.12.16

Alejandra: tienes cuarenta días de angustia inconfesable...



19 de julio

         Buscamos siempre el absoluto y no encontramos sino cosas.
                                                                               NOVALIS

¿Qué es lo que importa en una acción, su fondo o su forma?

Alejandra: tienes cuarenta días de angustia inconfesable. Cuarenta días de soledad ahogada, sin probabilidades de confesarla. Sin un rostro amado a quien quejarse de la desgracia que se prende a tu destino. Alejandra: ese rostro amado es uno solo y se ha ido. Es como si te hubiesen arrancado todo.

Es como si te hundiesen en la fría suma de los días para que en ellos te aturdas tratando de olvidar su ausencia. Alejandra: has de luchar terriblemente. Has de luchar tú y este cuadernillo. Han de luchar ambos, pues los ojos del amado rostro dicen que quizás no esté todo perdido. ¡Quizás haya aún algo por salvar! ¿Qué?, preguntas. ¡Tu alma, Alejandra, tu alma!

Planes para cuarenta días:
1) Comenzar la novela.
2) Terminar los libros de Proust.
3) Leer a Heidegger.
4) No beber.
5) Nada de actos violentos.
6) Estudiar gramática y francés.

Tremendos anhelos. Sólo se me ocurre decir ¡te amo!, ¡te deseo!

Ni una imagen poética acierta a pasar por mi mente. Sonrío. ¿Hay más poesía en algún lado que en el rostro del ser amado?

Cierro los ojos y recuerdo el momento de mis labios sobre los suyos. Extraño. Me es difícil recordarlo. En ese instante estaba inconsciente. Ahora pienso que tendría que haber sido distinto. Que fue un beso torpe y excesivamente fugaz. Que al iniciarlo yo, tendría que haberlo dado con las fuerzas que se lo pedí. ¡Bah! ¡Valiente razonamiento! Sí. Ahora que la terrible emoción pasó. (Clavo mis uñas en la palma de mi mano.) Antes, cuando no había sentido aún sus labios, me consolaba pensando en su frialdad. Pero ahora… ¡ahora! Jamás sentí labios más exquisitos, más suaves, más maravillosos que los de… Me desespero pensando y pensando en ese beso de despedida. Es como haber pegado para siempre su rostro en mí. Estoy atada a sus labios.

Escribo para no angustiarme tanto. Sólo me consuela el momento de verlo de nuevo.

17:30 h. Sola en mi habitación. Acostada en la camita-biblioteca, fumando y prometiendo ser cada día mejor para que mi amor se enorgullezca de mí. Supongo que esto debe ser lo «positivo» de esta cruel y exquisita ligazón.

¡Deseo vivir!



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Texto: Diario, Cuaderno del 19 al 31 de julio de 1955. Diarios (Lumen, 2013).

23.11.16

Y el psiquiatra me preguntó... (poema de Cristina Peri Rossi)


Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?-
El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
inolvidables.



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Texto: poema "Y el psiquiatra me preguntó..." del libro Diáspora (1976) de Cristina Peri Rossi, tomado de la web A media voz.
Imagen: "Semilla" de Laura Makabresku.